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Ricardo desde Francia

Un sueño que se hizo realidad

Un sueño que se hizo realidad

Retrouvez la version en français plus bas !

Tuve un sueño. Era un niño, apenas entrando en la adolescencia, por las cosas de la vida un día una profesora nos ofreció estudiar después de clases. Éramos chicos, las clases no parecían tener ningún sentido. “¿Para qué quiero saber inglés?”, “¿De qué me sirven las funciones matemáticas?”, “¿Para qué quiero aprender biología?”. O, “¿Qué sentido tiene estudiar otro idioma en la tarde?”. Pero así fue, en el Centro de Lenguas local éramos un pequeño grupo de seis niños a quienes la misma profesora nos enseño Francés durante tres años. Al principio era como un juego, aprender poesías, canciones para niños más chicos, frases, verbos básicos, apenas un poquito de historia, fotos, etc. Lo que veíamos era real, pero no lo parecía. Desde una ciudad perdida en un país que nadie sabe ubicar en el mapa, hablar de un país mucho más viejo del otro lado del océano parece casi una película. Por supuesto que no lo era, sabíamos que el mundo era grande y que había muchas cosas más allá, pero desde nuestros pequeños ojos todo eso parecía inalcanzable. Es difícil explicar esa sensación. ¿Cómo explicar que de al menos tres generaciones de una misma familia, un sólo niño se subió a un avión y vio las nubes desde arriba? Hoy, acá, del otro lado del mundo, eso puede parecer increíble, antiguo, atrasado…

Tuve un sueño cuando era niño. Las fotos que veía no bastaban, ni las canciones de palabras desconocidas, ni las historias de viaje de otros. Hay quienes querían viajar a la luna, otros curar animales, crear robots, escribir un libro, construir muebles y casas, o conseguir un trabajo público para quedarse toda la vida. En mi caso, y no era el único, quería viajar. “Voy a vivir en Francia”, le contaba a mi tía en una tarde en que fuimos a visitarla con mamá a lo de los abuelos. Estábamos tomando su mate dulce y comiendo los bollos de la esquina. Mamá sonreía. Mi tía me decía “¿Pero qué decís?”, y se reía. No se burlaba, jamás, simplemente le parecía una idea igual de imposible que ir a la luna. Igual que a mí, igual que a todos. Una clase media uruguaya no es la misma clase media francesa. Las medias uruguayas no se toman vacaciones, no van a hacer sky, no se compran un auto para pasarle el viejo a los hijos. Para una clase media uruguaya no parece muy fácil tomarse un avión para ir a otro país. Somos más bien de la idea de pedir un préstamo para pagar una excursión a Brasil o Argentina, en ómnibus o en combi. Pero el avión es cosa de película y de los soñadores. En Paysandú, los soñadores sueñan, no llegan. O esa es la idea que aprendimos a ponernos en la cabeza.

Primera foto en Francia

Horacio, que llevó una vida increíble para alguien nacido en Paysandú, me pidió que les escribiera sobre esos sueños que a veces, sin que nos demos cuenta, se vuelven realidad. No soy ejemplo de nada ni de nadie. Pero me gusta escribir. Y lo interesante era agregar al sitio algunos artículos sobre aquellos sanduceros que, saliendo del mismo lugar que vos, llegaron a un lugar más allá de a lo que estamos acostumbrados. Si no te interesa conocer el mundo, quizás estas entradas no sean para vos. Pero comenzamos la columna para aquellos que quizás sienten nacer esa curiosidad particular de viajar, de ser pioneros en la familia, y que quizás por las limitaciones del entorno no lo ven posible. Aunque, ojo, y cito una frase que me encanta, “ten cuidado con lo que sueñas, porque se puede hacer realidad”. Sobre eso hablaremos la próxima vez, sobre lo que uno deja a cambio de lo que se puede conseguir.

Espero no haberlos aburrido. Les mando un abrazo. Gracias por venir.


Version en français.

J’ai eu un rêve. J’étais un enfant, je commençais à peine l’adolescence, par hasard une prof nous avait proposé d’étudier (encore) après les cours. Quand on est jeune on trouve que les cours sont complètement inutiles. “Pourquoi voudrais-je savoir parler anglais ?”, “À quoi ça sert les fonctions mathématiques ?”, “Pourquoi voudrais-je étudier biologie ?”. Ou, “Quel est le sens d’étudier une autre langue après le lycée ?”. Mais bon, au final on était six jeunes à se retrouver au Centre de Langues Étrangères local pour étudier le français pendant trois ans. Au début c’était comme un jeu, on apprenait des poésies, des chansons, deux ou trois phrases, les verbes de base, seulement un petit peu d’histoire, des photos, etc. Tout ce que l’on voyait était réel, mais à nos yeux ce n’était pas le cas. Depuis une toute petite ville, perdue au milieu d’un pays qui personne ne sait retrouver dans la carte, parler des terres anciennes au-délà de la mer ressemble plutôt à un film. Bien sûr, on savait que le monde était énorme et qu’il y avait plein d’autres choses au-délà de Paysandú, mais vu d’après nos petits yeux tout ça faisait partie d’une utopie. C’est difficile de l’expliquer. Comment faire comprendre à quelqu’un qui ne l’a pas vécu que d’au moins trois générations d’une famille, il y a un seul enfant qui a pu prendre un avion et voir les nuages depuis le haut ? Aujourd’hui, ici, de l’autre côté du monde, cela paraît incroyable, ancien, démodé…

J’ai eu un rêve quand j’étais petit. Les photos que je voyais ne me suffisaient pas, ni les chansons aux mots inconnus, ni les histoires des voyages des autres. Il y en a qui voulaient aller à la lune, d’autres soigner des animaux, construire des robots, écrire un livre, construire des maisons, ou trouver un poste publique pour y rester toute la vie. Dans mon cas, et je n’étais pas le seul, je voulais voyager. “Je vais vivre en France”, je racontais à ma tante un après-midi chez les grands-parents. On buvait du “mate dulce” (maté sucré) et on mangeait des brioches du magasin du coin. Il y avait ma mère, elle souriait. Ma tante me disait “Mais qu’est-ce que tu racontes ?”, et elle rigolait. Elle ne se moquait pas, jamais, tout comme moi, comme tous, elle trouvait que l’idée était tout simplement impossible. La classe moyenne uruguayenne n’est pas la même qu’en France. Les gens ne prennent pas de vacances, ils ne vont pas faire du ski, ils n’achètent pas une nouvelle voiture pour donner l’ancienne aux gamins. Pour quelqu’un qui appartient à la classe moyenne en Uruguay il n’est pas très facile de prendre un avion pour aller dans un autre pays. On demande plutôt un prêt d’argent pour une excursion au Brésil ou en Argentine, en bus. L’avion est quelque chose qui appartient aux films et aux gens qui rêvent. À Paysandú, les gens qui rêvent ne font que rêver, ils n’y arrivent jamais. Ou c’est quand même ce que l’on a appris à accepter.

Horacio, il a eu une vie incroyable pour quelqu’un qui est né à Paysandú. Il m’a demandé de vous écrire sur ces rêves qui, parfois, deviennent réalité. Je ne suis pas un exemple, pour personne, mais j’aime bien écrire. On trouvait intéressant d’ajouter au site quelques articles sur les sanduceros (nom donné aux gens qui sont nés à Paysandú) qui, tout en ayant vécu au même endroit que vous, ont réussi à faire des choses que l’on n’est pas habitué à voir. Si la possibilité de connaître le monde n’est pas quelque chose qui t’intéresse, peut-être ces posts ne seront pas intéressants pour toi. Mais on a commencé ce projet pour tous ceux qui ressentent la curiosité de voyager, d’être les premiers dans leurs familles, mais qui à cause des limitations de leurs entourages ne le trouvent pas possible. Par contre, je cite, “fais attention à ce que tu rêves, parce que les rêves peuvent devenir une réalité”. Sur cela on parlera la prochaine fois, sur les choses que l’on laisse derrière en échange de ce que l’on peut obtenir.

J’espère ne pas vous avoir ennuyé. Je vous embrasse fort. Merci d’être venus.

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Ricardo desde Francia

Soy Ricardo Rodriguez, sanducero y con 26 años, 23 en Uruguay y 3 afuera. En mi columna voy a tratar de contarles de qué se trata la vida en Francia, lo bueno y lo malo. Espero, aunque sea un poco, motivar a otros sanduceros a viajar, a buscar más !

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